“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36) Existen heridas que no sangran delante de otros, pero lentamente apagan el interior del ser humano. Una de las más peligrosas es acostumbrarse a vivir lejos de Dios mientras todo aparenta estar en orden. La rutina puede llenar las horas, pero no siempre llena el alma. Muchas personas continúan avanzando cada día, cumpliendo responsabilidades y sosteniendo una imagen estable, aunque por dentro hayan perdido la paz, el propósito y la sensibilidad espiritual. Cristo hizo…
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